Lauren Willig
… contrastaba con la pintura descascarillada y las
paredes llenas de manchas de humedad, reliquia de una vida que parecía tan
lejana como el “érase una vez” en un cuento infantil.
Había traspasado con creces los límites de un
retraso aceptable para adentrarse en el terreno de la demora imperdonable.
La idea de volver a pasar por aquellas incómodas primeras citas, de
recitar las cansinas historias personales de siempre, le provocaban ganas de
enroscarse hasta hacerse una bolia y romper a llorar. ¿Por qué era tan fácil
para unos y tan complicado para otros?
Consejos vendo y para mí no tengo.
Si quieres hacerlo bien, hazlo tú mismo.
… dominaba el arte de hablar mucho sin decir
apenas nada.
La imaginación estaba muy bien de día, pero
resultaba muy incómoda por la noche.
… ese carácter evasivo, cualidad que en los
hombres se conocía como carisma y en las mujeres como encanto.
¿Cómo se hacía para encontrar el amor verdadero?
Si tal cosa existía, claro.
La hipocresía mezquina se aprecia tanto entre los
ticos como entre los pobres.
Las grandes cosas empiezan a partir de pequeños
comienzos…
La mayoría preferimos las mentiras a la verdad,
porque la verdad es condenadamente horrorosa. Decimos que queremos la verdad.
Pero no. Queremos una bonita mentira para disfrazarla con ropa elegante y
bautizarla como verdad.
Si vamos a morir todos en el incendio, ¿por qué no
disfrutarlo mientras?
Un divorcio nunca era un tema fácil de tratar.
Elige lo que quieras y luego aférrate a ello.
Tal vez todo eso del amor eterno no es más que una
farsa.
Poseía el talento para la conveniencia de un
político, puesto que sabía alterar los hechos de tal modo que encajaran con sus
fines, creando virtud allí donde ella quería que la hubiese.
Últimamente parecía que no podían hablar sin
acabar peleándose. No lo buscaba, pero siempre terminaban igual, cualquier
afirmación era un ataque preventivo, lanzado contra él antes de que él pudiera
hacerlo contra ella.
Tenía una grácil elegancia, con la desmesurada
autocomplacencia que daba saber que sus antepasados cenaban en plato de oro
mientras los demás buscaban el metal debajo de las piedras.
¿Para qué serviría quedarse? Para darle vueltas y
mas vueltas al asunto hasta que alguien acabara diciendo una de esas cosas
horribles de las que luego no hay forma de desdecirse.
Me mentiste. Me mentiste. Me mentiste.
Todas las cosas que consideraba que daban un
significado a su vida – el trabajo, la familia – se habían esfumado, como la
ilusión de un hipnotizador.
Le dije que las niñas estarían mucho mejor sin
ella. Le dije que estarían mucho mejor sin madre que con una madre como ella.
Tenía que ser fuerte por los dos, por todos.
La autodeterminación tenía que ser eso, asumir la
responsabilidad de tu propio destino.
Nadie se muere de aburrimiento, ni tiene un
infarto por ello.
No te quedes por mí. Quédate por esto. Quédate por
nosotros.
